La construcción de la argentinidad / Paloma Ascurdía



La argentinidad es una noción heredada que no corresponde a la transmisión de valores a través de instituciones exclusivamente.

La argentinidad, nos aborda desde pequeños desde distintas aristas, desde lo institucional, en la escuela, desde lo cultural, en el día a día, en barrio y desde lo pasional, (por ejemplo en los deportes, o determinados conflictos políticos).
Sin embargo, esta argentinidad es en cada uno de nosotros única e irrepetible, ya que la transmisión de esta noción ocurre por múltiples vías, y además, cada una de esas vías en si mismas, tiene miles de variables: miles de escuelas distintas, de docentes distintos, de barrios distintos que perciben a la nación de maneras distintas. Cada uno tiene una visión personal de “ser argentino”, tiene su propia manera de interpretar la realidad. A su vez, cada uno de nosotros, hace su propia interpretación de lo que es “ser argentino”.

Así, a medida que va pasando la vida, cada uno construye su propia noción de argentinidad, que hasta a veces es contradictoria en sí misma.
La argentinidad es para mí, un gran interrogante, considerando que nuestra nación, o nuestro estado, está compuesto por múltiples pueblos con culturas completamente distintas que a su vez se han entremezclado en migraciones internas y inmigraciones, que construyen interpretaciones de la realidad que quizás de región a región, de barrio a barrio, son completamente distintas. Mi propia noción de argentinidad puede ser opuesta, completamente, a la noción de quién tenemos al lado (precisamente por ser un estado más que heterogéneo por donde se lo mire y por una ferviente “tradición política” que hace que con cada cambio de gobierno se de una batalla por el signo y se intente re-significar todo aquello que creíamos como estable, al menos).
El sentido del ser nacional atraviesa todas las ideologías políticas, los temas, las culturas. Podemos ser una sociedad inexplicablemente solidaria ante una catástrofe, e increíblemente individualista en el día a día, en el transitar la calle, el barrio, nuestra propia comunidad.

La línea unificadora, aquello que es común a todos, es que estamos “avivados”: la historia político-cultural y los vaivenes económicos han forjado una necesidad de re-preguntarse frente a todo, (al vecino que te vende el auto, al político que te vende el país ideal), y de encontrar vías de escape a las situaciones de crisis (por medio del arte, del “rebusque” laboral, de las expresiones musicales, y del hábito profundamente argentino de priorizar las amistades, la familia, encontrando en estas no solo un espacio de distensión, sino también un espacio de apoyo incondicional).


La argentinidad, es precisamente imprecisa, variada y heterogénea, pero por sobre todas las cosas, inexplicable racionalmente.

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